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El pacto de sangre que enlutó a Nicaragua

Roberto Sánchez Ramírez
Academia de Geografía e Historia de Nicaragua.

Eran casi las 10:00 de la noche del 21 de febrero de 1934. Concluida la cena en el Palacio Presidencial, el carro marca Chevrolet, asignado al ministro de Agricultura, don Sofonías Salvatierra, comenzó a bajar la explanada de la Loma de Tiscapa y tomó la Avenida Central, años después conocida como Roosevelt y Sandino por el pueblo.

Iban en el asiento trasero don Sofonías, don Gregorio Sandino y en medio su hijo, el general Augusto C. Sandino. Adelante, el conductor Francisco Rodríguez, a la par los generales Juan Pablo Umanzor y Francisco Estrada. Se comentaba con buen ánimo los temas tratados con el presidente Juan Bautista Sacasa.

Al llegar frente a la Imprenta Nacional (donde todavía se encuentra), estaba parqueado un carro Ford, placa GN-5, simulando un desperfecto. El general Sandino pidió que Rodríguez disminuyera la velocidad. De inmediato, un grupo de militares al mando del sargento Juan Emilio Canales, conocido como “Cabuya”, ordenó que bajaran los ocupantes del automóvil Chevrolet.

A poca distancia, en otro automóvil venía sobre la avenida, Maruca, una de las hijas del presidente Sacasa. De inmediato se regresó a Casa Presidencial para informar a su padre la detención del general Sandino y sus acompañantes. La escena fue también observada por Manuel Saravia que conducía un taxi. Se iniciaba una de las más grandes tragedias de nuestra historia.

EL PACTO DE SANGRE
Apenas era el año 1934 y Anastasio Somoza García ya ostentaba el poder militar y político, comenzaba a amasar una gran fortuna a base de crímenes y despojos. Servil a sus amos imperialistas norteamericanos, vivía en permanente consulta con el ministro yanki, Arthur Bliss Lane. Aquel 21 de febrero lo visitó para quejarse de una entrevista dada por el general Sandino a un periódico de Managua.

También estaba molesto por el nombramiento del general Horacio Portocarrero como delegado del Gobierno en los departamentos de Estelí, Nueva Segovia, Jinotega y Matagalpa. Según Bliss Lane, Somoza García le dio su “palabra de honor” que no tomaría ninguna acción contra Sandino sin su consentimiento. Es importante señalar que al mediodía, el ministro norteamericano había almorzado con el ex presidente, general José María Moncada Tapia y que todas estas coincidencias harían que se le identificara como el autor intelectual del asesinato.

Desde las cuatro y media de la tarde, antes de ir donde Bliss Lane, Somoza García había comenzado a citar a una reunión en su oficina, ubicada en el Campo de Marte. A las 6:00 de la tarde estaban reunidos; el general Gustavo Abaunza, coronel Samuel Santos, mayor Alfonso González Cervantes, capitanes Lizandro Delgadillo, Francisco Mendieta, Policarpo Gutiérrez, Carlos Tellería, Diego López Roig; tenientes Federico Davidson Blanco, José A. López, Ernesto Díaz, Abelardo Cuadra Vega; subteniente César Sánchez y Camilo González Cervantes, en ese entonces empleado civil del Campo de Marte.

Apenas llegó Somoza García les planteó el plan de eliminar al general Sandino y que para ello contaba con el apoyo incondicional de Bliss Lane. Todos los presentes estuvieron de acuerdo con el asesinato y para que en un futuro ninguno negara su participación en el crimen, Somoza García ordenó al capitán Mendieta que redactara un documento conocido como “El pacto de sangre” y que todos lo firmaran. Nunca se ha sabido su destino.

Concluida la reunión, Somoza García se reunió en privado con los capitanes Delgadillo y Gutiérrez, conocido como “El Coto”, los tenientes López y Davidson Blanco. Seguidamente el jefe director de la GN se marchó a un recital que daría en el Campo de Marte una declamadora peruana de nombre Zoila Rosa Cárdenas.

LA CAPTURA DE SANDINO
Desde antes de la reunión de “El pacto de sangre", Somoza García tenía el complot montado. Durante todo el día 21 el general Sandino y la casa de don Sofonías Salvatierra, donde se alojaba, había estado bajo vigilancia. Se sabía que el general Sandino había salido hacia la Casa Presidencial junto con su padre, don Sofonías, los generales Estrada y Umanzor. En la casa quedaron su hermano Sócrates y el coronel Santos López. Estaba situada a media cuadra abajo de la Iglesia de El Calvario, sobre la Calle 15 de Septiembre, cerca de donde fue El Abanico, una conocida cantina.

Capturado por los militares que comandaba Canales, fueron llevados a El Hormiguero. A los generales Sandino, Estrada y Umanzor los condujeron a la parte que quedaba frente donde fue la Automotriz de los Sengelman, actualmente Vicepresidencia de la República. A los señores Salvatierra y Sandino lo llevaron a otro sitio dentro del mismo Hormiguero.

El general Sandino pidió hablar con Somoza García, también el presidente Sacasa que ya había sido avisado del hecho por su hija Maruca, todo en vano. El capitán Delgadillo comunicó a Somoza García de la detención y luego de algunas vacilaciones, el jefe director de la GN dijo: “¡Tire a ese bandido donde ya le dije!”, seguidamente ordenó por teléfono que pusieran a la orden de Delgadillo el camión GN1.

SE CUMPLE EL PACTO
Montaron a Sandino, Estrada y Umanzor en la plataforma del camión, adelante en la cabina iban el chofer, el capitán Delgadillo y el subteniente Carlos Eddy Monterrey. Entre los custodios estaba el sargento Rigoberto Somarriba y el cabo Alfonso Delgado. El camión tomó rumbo hacia la zona nororiental de Managua, cerca del Aeropuerto Xolotlán que quedaba por donde están ahora las oficinas de Migración y Extranjería, cerca de la loma conocida como de Chico Pelón.

Por donde comienza la Colonia Tenderí y cruza la pista Larreynaga, pasaba el viejo camino a SabanaGrande. Camilo González Cervantes, quien llegaría a ser general y persona de mucha confianza en el somocismo, tenía una propiedad allí conocida como “Los Guanacastes”. En el sitio donde habían dos de estos gigantescos árboles se detuvo el camión y bajaron todos sus ocupantes.

Mientras tanto Somoza García aparentaba escuchar a la declamadora peruana pero frecuentemente se volvía hacia el teniente Abelardo Cuadra Vega y le preguntaba: “¿No has oído descargas? Pronto se escucharían. Casi como a las 11:00 de la noche, los militares comandados por “El Coto” Gutiérrez y Davidson Blanco atacaron la casa de don Sofonías, dando muerte a Sócrates, a un niño que vivía con la familia Salvatierra, hirieron al coronel Santos López que logró escapar, a Rolando Murillo casado con Celina, hija de Salvatierra, quien falleció a los pocos días. Don Gregorio mencionó a Alfonso Gutiérrez como el que mató a Sócrates.

Terminado el ataque llegó Bliss Lane que miró al joven Murillo desangrándose, apenas le dirigió la vista y se marchó en su automóvil. Poco después apareció Camilo González Cervantes, llevándose documentos y una buena cantidad de oro en polvo que había traído Sandino y que pensaba vender para establecer cooperativas con los campesinos de Las Segovias. Oro que después vendieron en Nueva York.

Casi simultáneamente eran acribillados los generales Sandino, Estrada y Umanzor. En El Hormiguero, don Gregorio escuchó los disparos. Lleno de tristeza dijo: “Ya los están matando, siempre será verdad, el que se mete a redentor muere crucificado”. Sandino había dicho: “Nosotros iremos hacia el sol de la libertad o hacia la muerte; y si morimos, nuestra causa seguirá viviendo. Otros nos seguirán”.

Apenas habían pasado las 2:00 de la madrugada del 22 de febrero, cuando todos los cadáveres estaban en el lugar donde iban a ser sepultados en una fosa común que hizo cavar el capitán Ernesto Díaz Medina, más conocido como el “Indio Bárbaro”, por órdenes de Camilo González Cervantes. Participó también el capitán Fernando Valladares Lacayo.

Todos los cadáveres fueron llevados en medio de los potreros que estaban en los alrededores del Aeropuerto Xolotlán hasta las barracas abandonadas de lo que había sido el Hospicio Zacarías Guerra. Antes en este lugar estuvieron las fuerzas de ocupación norteamericanas. Cuando el terremoto de 1931 sirvió como oficina policial y más tarde se construirían las famosas cárceles de La Aviación.

Los militares a cargo de la macabra operación estaban todos llenos de sangre, Juan Emilio Canales “Cabuya” le tocó cargar el cuerpo del general Sandino. La poca luz de la Luna medio dejaba ver los cadáveres de Augusto C. Sandino, su hermano Sócrates, Estrada, Umanzor y el inocente niño, hijo de casa de donde don Sofonías Salvatierra.

ACRIBILLADOS A BALAZOS
El general Sandino presentaba orificios de balas cerca de la tetilla derecha, en la sien izquierda con salida en la derecha, en la mitad del plexo y el ombligo. A Umanzor le penetraron varias balas en el temporal derecho, tenía heridas en otras partes. Estrada recibió cuatro balazos en el pecho. Sócrates estaba todo acribillado y el niño presentaba un balazo en la cabeza.

Antes de ser sepultados, los cadáveres recibieron golpes en todo el cuerpo, especialmente en los testículos. Varios oficiales se presentaron al campo de aviación para dar aunque fuera una patada en el rostro de los asesinados. Como buitres comenzaron a despojar de todo lo valioso que tenían los cuerpos, al sargento Somarriba le quedó el anillo.

El reloj apareció en poder del general Humberto Ortega Saavedra, quien dijo haberlo adquirido de la familia de Abelardo Cuadra Vega, aunque éste en sus memorias dice no haber sabido a quién le quedó. El colmo fue que un guardia de apellido Ruiz se guardó un calcetín que andaba el general Sandino. Finalmente echaron los cuerpos en la fosa. Ninguna de estas muertes fueron asentadas en el Registro Civil de defunciones de Managua.

LOS MOVIMIENTOS DEL PRO-CÓNSUL
El peso del Pro-Cónsul norteamericano, Bliss Lane, se hizo sentir a partir de las 11:00 de la noche del 21 de febrero. Primero se presentó en la casa de don Sofonías Salvatierra, pese a las medidas de los militares, él no tuvo problemas para llegar y ver al joven Murillo herido y desangrándose.

Luego fue a Casa Presidencial, donde el presidente Sacasa le pidió que mediara ante Somoza García, pues creía que se trataba de un golpe de Estado. Logró hablar con Somoza quien le acompañó a Casa Presidencial, fue testigo cuando aquél le dijo al Presidente que ignoraba todo lo acontecido, pues esa noche había estado en el recital de la declamadora peruana.

La demostración de poder de Bliss Lane quedó expuesta cuando como a la 1:00 de la madrugada del día 22 llegó a El Hormiguero y se llevó en su carro a los señores Salvatierra y Sandino hasta la sede diplomática norteamericana. Más tarde los condujo a Casa Presidencial. Por la mañana, a petición del Presidente Sacasa, Bliss Lane acompañó al campo de aviación al general Portocarrero y al doctor Salvador Calderón Ramírez, quienes partieron a El Salvador. A poca distancia, junto a dos guanacastes, había restos de sangre y más cerca rastro de una fosa recién cerrada.

En este mismo terreno, ya convertido en las cárceles de La Aviación desaparecerían Rito Jiménez y Luis Scott, serían asesinados Edwin Castro Rodríguez, Ausberto Narváez Parajón, Cornelio Silva Argüello, Ajax Delgado. Sitio donde murieron y fueron torturados los nicaragüenses que luchaban por una patria libre.

Somoza García, con el mayor cinismo, dio a conocer un comunicado informando que: “Se está siguiendo una investigación, en cumplimiento de las órdenes inmediatas del señor Presidente y que al ser establecidas las verdaderas responsabilidades se procederá con la energía que el caso requiere”. El Fiscal Militar era uno de los participantes, el teniente Abelardo Cuadra Vega.

SACADOS EN 1944
El año 1944, Somoza García sintió tambalear su régimen dictatorial, decidió entonces sacar los restos de los sepultados el 21 de febrero de 1394. Varias versiones son coincidentes en ciertos aspectos. Según Carlos Eddy Monterrey, Juan Emilio Canales “Cabuya” y el general Gustavo Abaunza, los restos fueron sacados en una operación que dirigió Luis Somoza Debayle.

Monterrey y Canales coinciden en que llevaron los restos a la Hacienda Santa Feliciana, propiedad de Somoza García que se extendía al sur de la Laguna de Tiscapa. Allí esperaba José Somoza, exactamente donde estuvo el restaurante Los Gauchos y ahora está una discoteca. En ese lugar quemaron los restos y esparcieron las cenizas.

Según Canales, en la operación participaron los hermanos Francisco y Horacio Aguirre Baca, entonces jóvenes oficiales de la Guardia Nacional, por quienes Somoza García tenía especial preferencia hasta mayo de 1947, cuando el derrocamiento del presidente Leonardo Argüello, con quien fueron solidarios. Otra versión señala que los restos fueron metidos en sacos y lanzados desde un avión en el lago de Managua.

En febrero de 1980, el arqueólogo Jorge Espinoza, entonces director del Departamento de Arqueología del Instituto Geográfico Nacional, realizó excavaciones en las instalaciones policiales de la Ajax Delgado, estando presente Abelardo Cuadra Vega. Lograron encontrar las bases de lo que fueron las barracas construidas por las tropas de ocupación y los edificios del Hospicio Zacarías Guerra.

Se encontraron evidencias de fosas pero en ninguna habían restos humanos. Todo hizo indicar que en efecto los restos fueron sacados. El primero de julio de 1927, en su manifiesto firmado en San Albino, el general Sandino expresó: “El hombre que de su patria no (ni siquiera) exige un palmo de tierra para su sepultura, merece ser oído, y no sólo ser oído sino también creído”.

FUENTES INFORMATIVAS
Hombre del Caribe, Abelardo Cuadra Vega. El asesinato de Sandino, obra recopilada por Eduardo Pérez Valle. Entrevista con Guillermo E. Cuadra G., diario LA PRENSA del 17 de septiembre de 1979. En busca de los restos de Sandino, LA PRENSA 11 de febrero de 1980. Sandino o la tragedia de un pueblo, Sofonías Salvatierra. Ideario político de Augusto C. Sandino, Carlos Fonseca Amador. Retratos de Sandino, selección de José Santos Rivera Siles. Sandino siempre, Sergio Ramírez. Sandino y los U.S. Marines, compilación de R.R. Isaguirre y A. Martínez R.

Tomado de La Prensa, Lunes 21 de febrero, 2005
Managua, Nicaragua