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Eran casi las 10:00 de la noche del 21 de febrero de 1934. Concluida la
cena en el Palacio Presidencial, el carro marca Chevrolet, asignado al
ministro de Agricultura, don Sofonías Salvatierra, comenzó a bajar la
explanada de la Loma de Tiscapa y tomó la Avenida Central, años después
conocida como Roosevelt y Sandino por el pueblo.
Iban en el asiento trasero don Sofonías, don Gregorio Sandino y en
medio su hijo, el general Augusto C. Sandino. Adelante, el conductor
Francisco Rodríguez, a la par los generales Juan Pablo Umanzor y
Francisco Estrada. Se comentaba con buen ánimo los temas tratados con
el presidente Juan Bautista Sacasa.
Al llegar frente a la Imprenta Nacional (donde todavía se encuentra),
estaba parqueado un carro Ford, placa GN-5, simulando un desperfecto.
El general Sandino pidió que Rodríguez disminuyera la velocidad. De
inmediato, un grupo de militares al mando del sargento Juan Emilio
Canales, conocido como “Cabuya”, ordenó que bajaran los ocupantes del
automóvil Chevrolet.
A poca distancia, en otro automóvil venía sobre la avenida, Maruca, una
de las hijas del presidente Sacasa. De inmediato se regresó a Casa
Presidencial para informar a su padre la detención del general Sandino
y sus acompañantes. La escena fue también observada por Manuel Saravia
que conducía un taxi. Se iniciaba una de las más grandes tragedias de
nuestra historia.
EL PACTO DE SANGRE
Apenas era el año 1934 y Anastasio Somoza García ya ostentaba el poder
militar y político, comenzaba a amasar una gran fortuna a base de
crímenes y despojos. Servil a sus amos imperialistas norteamericanos,
vivía en permanente consulta con el ministro yanki, Arthur Bliss Lane.
Aquel 21 de febrero lo visitó para quejarse de una entrevista dada por
el general Sandino a un periódico de Managua.
También estaba molesto por el nombramiento del general Horacio
Portocarrero como delegado del Gobierno en los departamentos de Estelí,
Nueva Segovia, Jinotega y Matagalpa. Según Bliss Lane, Somoza García le
dio su “palabra de honor” que no tomaría ninguna acción contra Sandino
sin su consentimiento. Es importante señalar que al mediodía, el
ministro norteamericano había almorzado con el ex presidente, general
José María Moncada Tapia y que todas estas coincidencias harían que se
le identificara como el autor intelectual del asesinato.
Desde las cuatro y media de la tarde, antes de ir donde Bliss Lane,
Somoza García había comenzado a citar a una reunión en su oficina,
ubicada en el Campo de Marte. A las 6:00 de la tarde estaban reunidos;
el general Gustavo Abaunza, coronel Samuel Santos, mayor Alfonso
González Cervantes, capitanes Lizandro Delgadillo, Francisco Mendieta,
Policarpo Gutiérrez, Carlos Tellería, Diego López Roig; tenientes
Federico Davidson Blanco, José A. López, Ernesto Díaz, Abelardo Cuadra
Vega; subteniente César Sánchez y Camilo González Cervantes, en ese
entonces empleado civil del Campo de Marte.
Apenas llegó Somoza García les planteó el plan de eliminar al general
Sandino y que para ello contaba con el apoyo incondicional de Bliss
Lane. Todos los presentes estuvieron de acuerdo con el asesinato y para
que en un futuro ninguno negara su participación en el crimen, Somoza
García ordenó al capitán Mendieta que redactara un documento conocido
como “El pacto de sangre” y que todos lo firmaran. Nunca se ha sabido
su destino.
Concluida la reunión, Somoza García se reunió en privado con los
capitanes Delgadillo y Gutiérrez, conocido como “El Coto”, los
tenientes López y Davidson Blanco. Seguidamente el jefe director de la
GN se marchó a un recital que daría en el Campo de Marte una
declamadora peruana de nombre Zoila Rosa Cárdenas.
LA CAPTURA DE SANDINO
Desde antes de la reunión de “El pacto de sangre", Somoza García tenía
el complot montado. Durante todo el día 21 el general Sandino y la casa
de don Sofonías Salvatierra, donde se alojaba, había estado bajo
vigilancia. Se sabía que el general Sandino había salido hacia la Casa
Presidencial junto con su padre, don Sofonías, los generales Estrada y
Umanzor. En la casa quedaron su hermano Sócrates y el coronel Santos
López. Estaba situada a media cuadra abajo de la Iglesia de El
Calvario, sobre la Calle 15 de Septiembre, cerca de donde fue El
Abanico, una conocida cantina.
Capturado por los militares que comandaba Canales, fueron llevados a El
Hormiguero. A los generales Sandino, Estrada y Umanzor los condujeron a
la parte que quedaba frente donde fue la Automotriz de los Sengelman,
actualmente Vicepresidencia de la República. A los señores Salvatierra
y Sandino lo llevaron a otro sitio dentro del mismo Hormiguero.
El general Sandino pidió hablar con Somoza García, también el
presidente Sacasa que ya había sido avisado del hecho por su hija
Maruca, todo en vano. El capitán Delgadillo comunicó a Somoza García de
la detención y luego de algunas vacilaciones, el jefe director de la GN
dijo: “¡Tire a ese bandido donde ya le dije!”, seguidamente ordenó por
teléfono que pusieran a la orden de Delgadillo el camión GN1.
SE CUMPLE EL PACTO
Montaron a Sandino, Estrada y Umanzor en la plataforma del camión,
adelante en la cabina iban el chofer, el capitán Delgadillo y el
subteniente Carlos Eddy Monterrey. Entre los custodios estaba el
sargento Rigoberto Somarriba y el cabo Alfonso Delgado. El camión tomó
rumbo hacia la zona nororiental de Managua, cerca del Aeropuerto
Xolotlán que quedaba por donde están ahora las oficinas de Migración y
Extranjería, cerca de la loma conocida como de Chico Pelón.
Por donde comienza la Colonia Tenderí y cruza la pista Larreynaga,
pasaba el viejo camino a SabanaGrande. Camilo González Cervantes, quien
llegaría a ser general y persona de mucha confianza en el somocismo,
tenía una propiedad allí conocida como “Los Guanacastes”. En el sitio
donde habían dos de estos gigantescos árboles se detuvo el camión y
bajaron todos sus ocupantes.
Mientras tanto Somoza García aparentaba escuchar a la declamadora
peruana pero frecuentemente se volvía hacia el teniente Abelardo Cuadra
Vega y le preguntaba: “¿No has oído descargas? Pronto se escucharían.
Casi como a las 11:00 de la noche, los militares comandados por “El
Coto” Gutiérrez y Davidson Blanco atacaron la casa de don Sofonías,
dando muerte a Sócrates, a un niño que vivía con la familia
Salvatierra, hirieron al coronel Santos López que logró escapar, a
Rolando Murillo casado con Celina, hija de Salvatierra, quien falleció
a los pocos días. Don Gregorio mencionó a Alfonso Gutiérrez como el que
mató a Sócrates.
Terminado el ataque llegó Bliss Lane que miró al joven Murillo
desangrándose, apenas le dirigió la vista y se marchó en su automóvil.
Poco después apareció Camilo González Cervantes, llevándose documentos
y una buena cantidad de oro en polvo que había traído Sandino y que
pensaba vender para establecer cooperativas con los campesinos de Las
Segovias. Oro que después vendieron en Nueva York.
Casi simultáneamente eran acribillados los generales Sandino, Estrada y
Umanzor. En El Hormiguero, don Gregorio escuchó los disparos. Lleno de
tristeza dijo: “Ya los están matando, siempre será verdad, el que se
mete a redentor muere crucificado”. Sandino había dicho: “Nosotros
iremos hacia el sol de la libertad o hacia la muerte; y si morimos,
nuestra causa seguirá viviendo. Otros nos seguirán”.
Apenas habían pasado las 2:00 de la madrugada del 22 de febrero, cuando
todos los cadáveres estaban en el lugar donde iban a ser sepultados en
una fosa común que hizo cavar el capitán Ernesto Díaz Medina, más
conocido como el “Indio Bárbaro”, por órdenes de Camilo González
Cervantes. Participó también el capitán Fernando Valladares Lacayo.
Todos los cadáveres fueron llevados en medio de los potreros que
estaban en los alrededores del Aeropuerto Xolotlán hasta las barracas
abandonadas de lo que había sido el Hospicio Zacarías Guerra. Antes en
este lugar estuvieron las fuerzas de ocupación norteamericanas. Cuando
el terremoto de 1931 sirvió como oficina policial y más tarde se
construirían las famosas cárceles de La Aviación.
Los militares a cargo de la macabra operación estaban todos llenos de
sangre, Juan Emilio Canales “Cabuya” le tocó cargar el cuerpo del
general Sandino. La poca luz de la Luna medio dejaba ver los cadáveres
de Augusto C. Sandino, su hermano Sócrates, Estrada, Umanzor y el
inocente niño, hijo de casa de donde don Sofonías Salvatierra.
ACRIBILLADOS A BALAZOS
El general Sandino presentaba orificios de balas cerca de la tetilla
derecha, en la sien izquierda con salida en la derecha, en la mitad del
plexo y el ombligo. A Umanzor le penetraron varias balas en el temporal
derecho, tenía heridas en otras partes. Estrada recibió cuatro balazos
en el pecho. Sócrates estaba todo acribillado y el niño presentaba un
balazo en la cabeza.
Antes de ser sepultados, los cadáveres recibieron golpes en todo el
cuerpo, especialmente en los testículos. Varios oficiales se
presentaron al campo de aviación para dar aunque fuera una patada en el
rostro de los asesinados. Como buitres comenzaron a despojar de todo lo
valioso que tenían los cuerpos, al sargento Somarriba le quedó el
anillo.
El reloj apareció en poder del general Humberto Ortega Saavedra, quien
dijo haberlo adquirido de la familia de Abelardo Cuadra Vega, aunque
éste en sus memorias dice no haber sabido a quién le quedó. El colmo
fue que un guardia de apellido Ruiz se guardó un calcetín que andaba el
general Sandino. Finalmente echaron los cuerpos en la fosa. Ninguna de
estas muertes fueron asentadas en el Registro Civil de defunciones de
Managua.
LOS MOVIMIENTOS DEL PRO-CÓNSUL
El peso del Pro-Cónsul norteamericano, Bliss Lane, se hizo sentir a
partir de las 11:00 de la noche del 21 de febrero. Primero se presentó
en la casa de don Sofonías Salvatierra, pese a las medidas de los
militares, él no tuvo problemas para llegar y ver al joven Murillo
herido y desangrándose.
Luego fue a Casa Presidencial, donde el presidente Sacasa le pidió que
mediara ante Somoza García, pues creía que se trataba de un golpe de
Estado. Logró hablar con Somoza quien le acompañó a Casa Presidencial,
fue testigo cuando aquél le dijo al Presidente que ignoraba todo lo
acontecido, pues esa noche había estado en el recital de la declamadora
peruana.
La demostración de poder de Bliss Lane quedó expuesta cuando como a la
1:00 de la madrugada del día 22 llegó a El Hormiguero y se llevó en su
carro a los señores Salvatierra y Sandino hasta la sede diplomática
norteamericana. Más tarde los condujo a Casa Presidencial. Por la
mañana, a petición del Presidente Sacasa, Bliss Lane acompañó al campo
de aviación al general Portocarrero y al doctor Salvador Calderón
Ramírez, quienes partieron a El Salvador. A poca distancia, junto a dos
guanacastes, había restos de sangre y más cerca rastro de una fosa
recién cerrada.
En este mismo terreno, ya convertido en las cárceles de La Aviación
desaparecerían Rito Jiménez y Luis Scott, serían asesinados Edwin
Castro Rodríguez, Ausberto Narváez Parajón, Cornelio Silva Argüello,
Ajax Delgado. Sitio donde murieron y fueron torturados los
nicaragüenses que luchaban por una patria libre.
Somoza García, con el mayor cinismo, dio a conocer un comunicado
informando que: “Se está siguiendo una investigación, en cumplimiento
de las órdenes inmediatas del señor Presidente y que al ser
establecidas las verdaderas responsabilidades se procederá con la
energía que el caso requiere”. El Fiscal Militar era uno de los
participantes, el teniente Abelardo Cuadra Vega.
SACADOS EN 1944
El año 1944, Somoza García sintió tambalear su régimen dictatorial,
decidió entonces sacar los restos de los sepultados el 21 de febrero de
1394. Varias versiones son coincidentes en ciertos aspectos. Según
Carlos Eddy Monterrey, Juan Emilio Canales “Cabuya” y el general
Gustavo Abaunza, los restos fueron sacados en una operación que dirigió
Luis Somoza Debayle.
Monterrey y Canales coinciden en que llevaron los restos a la Hacienda
Santa Feliciana, propiedad de Somoza García que se extendía al sur de
la Laguna de Tiscapa. Allí esperaba José Somoza, exactamente donde
estuvo el restaurante Los Gauchos y ahora está una discoteca. En ese
lugar quemaron los restos y esparcieron las cenizas.
Según Canales, en la operación participaron los hermanos Francisco y
Horacio Aguirre Baca, entonces jóvenes oficiales de la Guardia
Nacional, por quienes Somoza García tenía especial preferencia hasta
mayo de 1947, cuando el derrocamiento del presidente Leonardo Argüello,
con quien fueron solidarios. Otra versión señala que los restos fueron
metidos en sacos y lanzados desde un avión en el lago de Managua.
En febrero de 1980, el arqueólogo Jorge Espinoza, entonces director del
Departamento de Arqueología del Instituto Geográfico Nacional, realizó
excavaciones en las instalaciones policiales de la Ajax Delgado,
estando presente Abelardo Cuadra Vega. Lograron encontrar las bases de
lo que fueron las barracas construidas por las tropas de ocupación y
los edificios del Hospicio Zacarías Guerra.
Se encontraron evidencias de fosas pero en ninguna habían restos
humanos. Todo hizo indicar que en efecto los restos fueron sacados. El
primero de julio de 1927, en su manifiesto firmado en San Albino, el
general Sandino expresó: “El hombre que de su patria no (ni siquiera)
exige un palmo de tierra para su sepultura, merece ser oído, y no sólo
ser oído sino también creído”.
FUENTES INFORMATIVAS
Hombre del Caribe, Abelardo Cuadra Vega. El asesinato de Sandino, obra
recopilada por Eduardo Pérez Valle. Entrevista con Guillermo E. Cuadra
G., diario LA PRENSA del 17 de septiembre de 1979. En busca de los
restos de Sandino, LA PRENSA 11 de febrero de 1980. Sandino o la
tragedia de un pueblo, Sofonías Salvatierra. Ideario político de
Augusto C. Sandino, Carlos Fonseca Amador. Retratos de Sandino,
selección de José Santos Rivera Siles. Sandino siempre, Sergio Ramírez.
Sandino y los U.S. Marines, compilación de R.R. Isaguirre y A. Martínez
R.
Tomado de La Prensa, Lunes 21 de febrero, 2005
Managua, Nicaragua